¿Desde y hacia dónde peregrinan los Nómades?


Hasta el momento no han habido excepciones, en cada festival de performance donde participé, el cúmulo de experiencias más movilizantes y transformadoras se fueron dando en el tejer de los espacios cotidianos de intercambio y convivencia. De hecho, en muchos casos pude percibir claramente como las acciones presentadas encarnaban como una consecuencia orgánica, contaminada, ampliamente enriquecida por el proceso de convivencia y diálogo previo con el entorno, su gente, su imaginario, sus variadas formas de habitar el tiempo y el espacio.
En lo personal, cada una de las acciones que presenté en festivales donde tuve la oportunidad de convivir un tiempo previo, se vieron claramente iluminadas y vitalizadas por el proceso de intercambio, por ese “entrecuerpo” o cuerpo del encuentro.
Si el arte de acción viene desarrollándose desde múltiples visiones y experiencias para disolver esa continua película nublosa que un sistema de elites, una academia anquilosada, avara y un mercado urgido de intereses mezquinos quieren extender entre arte y vida, sin dudas en los procesos de ese “entrecuerpo” se pueden gestar las fuerzas metabólicas necesarias para poder adquirir una mayor lucidez, potencia y fraternalismo que nos permitan continuar esta faena desde el lugar que nuestro tiempo y nuestro corazón reclaman.
El cuerpo el encuentro se hace escucha y voz, danza y reflexión, abrazo y cuestionamiento, curiosidad y debate, inspiración, reelaboración, potencia creadora que circula casi imperceptiblemente entre mates, meriendas, vapores de cocina y fogones, paseos, bailes, ¿besos y caricias?, risas, siestas al sol y apasionadas charlas a oscuras desde camas vecinas… Por eso, en lo personal, quiero de este Nómades un espacio vivo y dinámico para darle la bienvenida a este cuerpo del encuentro, que se sienta a gusto, que circule, que fluya, que nos espeje fraternal y mutuamente contaminados.


Luis Eduardo Martínez